Las cuatro brechas del desempleo en Panamá
El mercado laboral panameño muestra una estructura altamente terciarizada, donde la mayor parte del empleo se concentra en actividades de servicios. A nivel nacional, el sector terciario representa el 70.3 % del total del empleo, mientras que los sectores primario y secundario han registrado contracciones en su capacidad de generación de puestos de trabajo. Esta estructura refleja una economía cada vez más orientada hacia actividades de servicios, aunque una parte importante de estos empleos se concentra en actividades de comercio y servicios tradicionales, que generalmente presentan menores niveles de productividad relativa. La evolución reciente del empleo también muestra cambios en la estructura ocupacional: mientras algunos segmentos como empleados de oficina crecieron un 7.0 %, los técnicos un 3.5 % y los operadores un 2.4 %, otras ocupaciones vinculadas a actividades tradicionales muestran retrocesos, como la ocupación en agricultura que cayó un -2.2 % y los artesanos un -1.0 %. Este comportamiento evidencia una transición gradual hacia ocupaciones asociadas a servicios y actividades administrativas.
La estructura del empleo también presenta importantes diferencias territoriales entre las áreas urbanas y rurales. En septiembre de 2025, el volumen de ocupación en el área urbana alcanzó 1,435,908 personas ocupadas, registrando un crecimiento de 2.4 %, mientras que en el área rural el empleo alcanzó 532,840 personas ocupadas, con una caída de -1.1 %. Estas cifras reflejan la mayor capacidad de generación de empleo de las zonas urbanas, donde se concentran las principales actividades económicas del país. Sin embargo, las tasas de desempleo muestran una dinámica distinta: la tasa de desempleo abierto en el área urbana se sitúa en 7.7 %, mientras que en el área rural es de 4.5 %, lo que sugiere que en las zonas rurales el mercado laboral se ajusta más a través de la informalidad o del subempleo que mediante el desempleo abierto. Estas diferencias territoriales también se reflejan en la estructura productiva: en las zonas urbanas el sector terciario domina de forma absoluta con el 80.9 % del empleo, mientras que en las áreas rurales el sector primario concentra el 42.4 % de los ocupados, lo que evidencia una fuerte dependencia de estas regiones respecto a actividades agropecuarias y tradicionales.
El mercado laboral panameño también presenta una marcada brecha de género en el acceso al empleo y en la participación en la fuerza laboral. En septiembre de 2025, la tasa de desempleo de las mujeres alcanzó el 13.2 %, frente al 8.1 % registrado por los hombres, lo que implica una diferencia de 5.1 puntos porcentuales en perjuicio de las mujeres. Esta brecha es aún más evidente en la participación laboral: solo el 53.8 % de las mujeres participa en la fuerza laboral, mientras que la participación masculina alcanza el 75.1 %, lo que representa una diferencia de 21.3 puntos porcentuales. Como resultado de esta menor participación, el número de hombres ocupados (1,130,065) supera significativamente al de mujeres ocupadas (838,683). Incluso dentro del desempleo abierto persisten estas diferencias, ya que las mujeres registran una tasa de 8.6 % frente al 5.5 % de los hombres, lo que evidencia que enfrentan mayores dificultades para acceder al empleo.
A estas desigualdades se suma una brecha generacional significativa en el mercado laboral, particularmente en la inserción de los jóvenes. El grupo de 15 a 19 años registra la tasa de desocupación más alta de todos los grupos de edad, con un 24.3 %, equivalente a 20,378 jóvenes desempleados. En el grupo de 20 a 24 años la tasa de desocupación también es elevada, alcanzando el 22.7 %, lo que representa 52,064 jóvenes sin empleo. En conjunto, ambos grupos suman 72,442 jóvenes menores de 25 años desocupados en el país, lo que pone de manifiesto las dificultades que enfrentan los jóvenes en la transición entre el sistema educativo y el mercado laboral. Esta situación también se refleja en las tasas de participación laboral juvenil. De un total de 364,486 jóvenes entre 15 y 19 años, solo el 23.0 % (83,797 personas) forma parte de la fuerza laboral, mientras que en el grupo de 20 a 24 años la participación aumenta al 68.9 % (229,129 personas), aunque todavía se mantiene por debajo del promedio observado entre la población adulta.
En conjunto, estas brechas del mercado laboral reflejan la existencia de una economía panameña que opera a dos velocidades. Por un lado, se observa un segmento moderno y dinámico de la economía —principalmente ubicado en las áreas urbanas y vinculado a actividades de servicios, logística, finanzas y servicios empresariales— que concentra la mayor parte del crecimiento económico y del empleo formal. Por otro lado, persiste un amplio segmento de la economía caracterizado por actividades tradicionales, menor productividad y mayor vulnerabilidad laboral, particularmente en el ámbito rural y en ocupaciones vinculadas a la agricultura, los oficios artesanales y ciertos servicios de baja especialización. Las brechas observadas en el mercado laboral —sectoriales, territoriales, de género y generacionales— son en gran medida una manifestación de esta dualidad estructural. Mientras algunos grupos y sectores se integran plenamente a la economía moderna, otros enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos formales, productivos y estables. En este contexto, uno de los principales desafíos de la política económica consiste en reducir estas brechas mediante políticas que promuevan la diversificación productiva, el fortalecimiento del capital humano y la ampliación de oportunidades laborales en los sectores y regiones que actualmente presentan mayores rezagos.








